Borrero González, José Luis
Desterrada por los franceses por la guerra de la Independencia, María Ángela Tellería Arana, natural de Elgueta (Guipúzcoa), emprende sola un viaje incierto hacia el sur. Llega a Cádiz en 1811, sin fortuna ni compañía, pero con una fuerza interior que sorprende a cuantos la conocen. Su historia, contada por Francisco Sánchez Barbero en el diario El Conciso del 18 de marzo de 1811, número 39, página 209 y siguientes, despierta la admiración de una ciudad sitiada y la consagra como una de las heroínas anónima de la libertad. Años después, impulsada por el destino y para evitar las envidias, María Ángela se adentra en el corazón de Andalucía, en la naciente villa de Rosal de Cristina, una población en ciernes junto a la frontera portuguesa, donde hallará un nuevo comienzo. Allí, mientras los vecinos levantan su iglesia y luchan por constituirse como ayuntamiento, su vida se entrelaza con la fundación del pueblo y con las esperanzas de quienes lo habitan. Falleció el 6 de agosto de 1864. El párroco dejó constancia de algo insólito: recibía una pensión vitalicia por ser heroína de la guerra de la Independencia. Su memoria perduró en sus descendientes y en la historia silenciosa de aquel lugar, que con el tiempo pasó a llamarse Rosal de la Frontera. Una heroína en Rosal de Cristina es un homenaje a las mujeres que sobrevivieron sin gloria y a los pueblos que se forjaron desde la fe y la humildad. Una ofrenda a todas las vidas pequeñas que engrandecen la historia.