Chema D. Garrido
No es extraño que desee permanecer en el anonimato. Su historia duele a lo largo de la intensa y detallada confesión que me ofreció. Tardó en conseguirme; yo no sentía deseo alguno de sentarme y atender a un exnazi, un expresidiario cuyas heridas le han roto el alma y quién sabe si permanece un mínimo de humanidad en su ser. Ingresó en un mundo de odio sin saber que sería su cárcel. Demasiado joven le convencieron de que había encontrado su sitio. Un grupo. Una causa. Una identidad clara en un mundo que lo marginaba. Durante un tiempo lo creyó. Pero la lealtad tenía un precio. Las consignas sustituyeron a las preguntas muy pronto. Y cuando todo estalló (asesinato, detención, juicio, titulares de prensa), los mismos que hablaron de honor desaparecieron en silencio. En la más extrema soledad pagó la factura: cárcel, psiquiátrico, cicatrices que no salen en las fotos y una verdad difícil de admitir: haber sido un peón más en manos ajenas. Este relato basado en hechos reales construye la historia de redención alcanzada por quien no desea hacer pública su identidad, ya se especuló demasiado sobre él en una actualidad no muy lejana. Un relato auténtico, inscrito en una España donde las estridencias ideológicas siguen conquistando terreno en las desconcertadas mentes de cientos, miles de jóvenes. «Te lo regalo, y no toleraré que me defraudes», me dijo con su voz áspera. Y en la mirada que me clavó, la helada furia de un verdugo de las SS. No pude negarme.