Constan Fernández Fernández
En el valle de Sajambre, donde los caminos de piedra, las montañas y el río marcan el paso del tiempo, Milia y Pacho comienzan una vida en común en plena década de los sesenta. Entre fiestas de verano, trabajos duros y una cotidianidad atravesada por la tradición, el paisaje se convierte en un personaje más, tan hermoso como implacable. La novela refleja a la perfección la época de los años sesenta en la zona (Oseja, Pío, Soto, Vierdes y Ribota), con esa mezcla de rutas, pasaderas de piedra y cascadas que deja claro el protagonismo del paisaje. También están muy presentes puntos concretos como el desfiladero de los Beyos, el Salto de San Pedro, la Senda del Arcediano o el Mirador de la Pica, que otorgan verosimilitud y hacen sentir al lector que camina por allí con los personajes. El emblemático valle de Sajambre es una novela de atmósferas y memoria, donde lo íntimo y lo colectivo se entrelazan para retratar un mundo que resiste al olvido y guarda más de un secreto entre sus montes.